El año 2005, con o sin rima, no solamente fue uno de los años más calurosos registrados hasta la fecha, también fue el año en el que decidí dejar mis historias a un lado y hacer algo con mi vida que me permitiera, al menos, descansar de los continuos ataques de autoestima que constantemente acechaban mi carácter. Era asfixiante, en cierto modo, vivir con tantos prejuicios, tantos miedos y cavilaciones; estaba fuera de lo normal preferir estar serio a intentar esbozar una sonrisa. Deprimente. Incluso delirante. No había ninguna actitud positiva a ello. El mundo se había conjurado para hacerme la vida imposible y como contrapartida, yo cargaba mi mal humor en el mundo, en la gente que tenía más cerca, en mis amigos, en mi familia, hasta que la situación se hacía insostenible en numerosas ocasiones. Resumiendo: si por aquel entonces se hubiera patentado un amargurímetro (aparato para medir la amargura de un individuo), seguro que hubiera registrado uno de los niveles más altos.
Por ello, me receté a mí mismo cambiar, hacer algo, porque no hay que negar que algo de inteligencia tenía, pese a todo. El caso era saber cómo hacerlo. Proponerse a sí mismo dar un giro a su vida suena muy bonito, pero es peor que seguir una dieta continua para concluir con éxito la 'operación bikini'. Dar una vuelta de tuerca a tu vida suponía enfrentarse a uno mismo, a dejar el estado de comodidad dentro de lo malo y ser conscientes de la verdadera situación en la que me encontraba. Y bien hay que saber, niños y niñas, señores y señoras, que ahí estaba realmente lo desconcertante del asunto. Es como ir a un centro comercial nuevo y tratar de buscar las escaleras automáticas para subir a la planta de ropa y encontrar luego las de bajada. Lo dicho: desconcertante.
Me pasaba las noches mirando las estrellas, las observaba, y cada vez me daba más cuenta que para ellas todos éramos puntitos minúsculos que iban de aquí para allá y que a veces nos convertirnos en pequeñas manchas al reunirnos en conciertos, manifestaciones o simplemente siguiendo una rua de carnaval disfrazados de Bob Esponja. A ojos de las estrellas, todos éramos simpáticos puntitos infinitesimales que se movían frenéticamente, cada uno con vida propia, como furbys torpes que a miles de años luz de distancia les hacía reír. Esto, no obstante, fue revelador para mí. Y lo fue porque me provocó una ligera sonrisa. Estaba bromeando con mi propia existencia y por si fuera poco, estaba disfrutando con ello.
A los pocos días, un amigo me comentó que se hacía un taller de Risoterapia en un centro cívico cercano. Lo vi como una posibilidad vergonzosa, ya que alguien tan risueño como yo había perdido sin duda la sonrisa y la confianza, pero me imaginé que mi vida tendría más sentido al encontrarme con otros puntos minúsculos quizás similares a mí. 'Será un puntazo', me dije. Y claro, volví a sonreír.
Eso ya nos convertía en la formación de otra pequeña manchita llena de puntitos en su mayoría melancólicos que, paradójicamente, iba a hacer reír hasta la estrella más lejana...
lunes 6 de junio de 2011
martes 7 de diciembre de 2010
Tweets falsos aunque humorísticamente ciertos (I)

Localizan en la antártida la momia de un hombre prehistórico en posición de cagar
(los científicos no saben si estaba estreñido)
(los científicos no saben si estaba estreñido)
sábado 26 de diciembre de 2009
Buenos Deseos

Sí amigos, ha llegado el esperado y deseado momento de felicitarnos algo que ocurre todos los días, y es que... Nunca llega el momento de tomarnos la dieta como un objetivo real. Por lo tanto, qué mejor la Navidad para desear cosas a los demás y que sólo se queden en eso, en buenos deseos, porque los deseos no cuestan nada y además tienen la ventaja de que los puedes llevar a cualquier parte del mundo, por ejemplo aquella tan típica de:
"Que se acaben las guerras en el mundo"
Y sí, sí, funciona. Total como no lo ves, funciona. Tu deseo recorre el mundo como una paloma blanca de la paz. Lo malo es que con tanta polución acaba siendo como una representación del mal y a lo mejor provocaría más guerras. Así que mucho cuidadito con lo que deseamos. Ahí va otra típica:
"Que se acabe el hambre en el mundo"
Claro, claro... Por eso has desayunado el kilo de alfajores que te trajo tu abuela desde el pueblo, y las gambas que sobraron del otro día, ¿no? Venga ya, hombre. ¿Qué piensas, que el contenedor orgánico que han puesto en tu ciudad va destinado al tercer mundo o qué?
Porque esa es otra, no sé vosotros pero en mi ciudad hay un contenedor para cada cosa: uno para plásticos, otro para cartones, otro para pilas, otro para los deshechos de comida, otro para cristales... Vamos, que me tiro una hora por una vez sin ser yo el que huele mal para reciclar como es debido. Y es que ¿qué entra dentro de los desechos orgánicos?
Haber, ¿un pañuelo de papel lleno de mocos verdes, de esos pastosos que se pegan en cualquier sitio, es un desecho orgánico? Sí, sí, así de fuerte me parece... Eso sin mencionar ya a los bastoncillos para limpiar los oídos ¿qué hacemos, lo lanzamos al contenedor de plástico o al orgánico? ¡Eh, cuidado! ¡Que digo orgánico porque hay gente que no los utiliza y se come sin problemas la parte supuestamente orgánica! ¡Aghhh! ¿Y qué me decís de los restos de un condón comestible? ¿Se puede considerar como desecho orgánico? ¿Y lo que hay en su interior también? Vamos, que me parece que para ser verde estamos aún muy verdes en el tema...
Sin embargo, yo creo que lo peor de los deseos es cuando van dirigidos a uno mismo. Sí, la Navidad es así de cruel. También nos hacemos deseos para nosotros mismos, como ese tópico que suena casi ya a villancico:
"El año que viene me apuntaré al gimnasio"
Y ya te estás haciendo una imagen de ti mismo súper cachas, con un montón de chicas en bikini a tu lado, al estilo de James Bond, sacando pecho y encandilando a todas con tu sonrisa... ¡Vamos, baja ya! Sé realista, como mucho pedirás información y a lo mejor consigues ligar con la mujer de la limpieza, más comúnmente apodada como "El pandero terremoto", conocida así porque cada vez que mueve su trasero, hace temblar todo el edificio.
¿Y qué me decís de ese otro tópico?
"El año que viene me apuntaré a inglés"
Normal. Que yo sepa, James Bond hablaba en inglés. Sí, sí, ya sé que en las películas habla en perfecto castellano, pero creedme, no es su voz. Era la voz prestada de Pocoyó antes de hacerse famoso. ¿Da que pensar, verdad?
En resumen. A menos que para el año que viene decidas apuntarte al gimnasio, te pongas fuerte, consigas ligarte a las chicas más guapas de Londres, y recicles luego la parte de preservativo que ella no alcanzó comerse, ¡cállate hombre! Y no la pifies.
Así que yo mismo voy a predicar con el ejemplo:
¡Te deseo buenas fiestas y un feliz año 2010!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
