domingo, 28 de junio de 2015

Codo con Codo...



Yo sé muy bien cuánto puede llegar a consumir la tristeza. Quizás igual de bien que tú. Por eso estaremos de acuerdo que tratar de menguar sus efectos es lo más sensato, y no sólo eso: hay que hacerlo juntos, codo con codo, sonrisa por sonrisa, con tal que los días sean los mejores de nuestra vida.

A eso justamente he dedicado años de mi vida y lo sabes: sabes que yo soy así y acostumbro a romper estereotipos, egoísmos y moldes que nunca han terminado de ajustarse a mi manera de ser. Y se me ha dado bien, para qué negarlo. Has estado ahí, en primera fila. Lo has podido ver con tus propios ojos. Le hemos sacado partido juntos, como debe ser. Y esta ha sido -con diferencia- mi mejor medicina. Vaya que sí.

Pero hoy, y abandonándome por completo, hoy prefiero ser tú: en qué coño se basan tus alegrías; y aunque sepa de antemano cuánto podría llegar a dolerme, conocer la manera que tienes de lucir ese egoísmo tan evidente que ni siquiera puedes llegar a reconocer, a ver si con eso consigo averiguar de una vez por todas cuánto daño ha hecho la tristeza en tu vida para que te comportes así conmigo.

jueves, 2 de enero de 2014

Esto ya apesta, señor Artur Mas


No sé. Pienso que si me cruzo al señor Artur Mas por ahí, le voy a soltar una reprimenda que, por lo independiente que soy, le voy a quitar las ganas de que cada vez que abra su puta boca, nos meta a tod@s en el mismo saco. Un saco lleno de agujeros negros, donde la mala gestión, la ocultación de datos y la manipulación de estos por los diferentes medios comunicativos, se anuden sin escapatoria con un lazo colorido de la bandera que tanto patriotismo se protagoniza estos meses sin percatarse que más de la mitad de esos catalanes, en los que me incluyo yo, desean que familiares y amigos tengan un trabajo digno, una sanidad digna, una educación digna. Sin distinción de idiomas o banderas. Es un derecho que, fuera de toda Constitución o Estatuto, es universalmente humano.

Así que haga el favor, señor Artur Mas; haga el favor de recoger sus caquitas y evitar esparcirlas a la población, porque cada uno ya tiene lo suyo, ¿y sabe qué le digo?

Con todo el respeto del mundo, que le vayan dando ya mucho por culo, señor Artur Mas, que personas queriendo trabajar hay mucha, y usted, evidentemente, no es una de ellas.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Un fantasma en la agenda telefónica


Encontrar personas que te decepcionan no es difícil. Se toman la molestia de hacerte creer algo que el tiempo, finalmente, derrumba como un castillo de naipes. Y todas las ilusiones depositadas en esa persona se esfuman, se disipan y se desintegran volátilmente hacia el universo de una emoción que está a años luz de lo que, en un principio, sentías por ellas.

Es entonces cuando decides quitarte por tiempo indefinido tu nariz de payaso, el aire que ensancha y contrae tus pulmones día a día, tu sustento vitamínico de la alegría. Incluso, decides eliminar de tu diccionario personal la palabra sonrisa.

Todo porque esa persona, como tantas otras antes que ella, te ha decepcionado. Conscientemente o no, pero lo ha hecho. Y quizás ese momento trágico se solucionaría con una simple llamada telefónica. Descolgar y que te pidieran perdón por lo que te han hecho. Por lo que te han hecho sentir, mejor dicho.

El teléfono está ahí, encima de la mesa. Como era de esperar, sigue en silencio. Exactamente igual que estos días atrás. Ni tan siquiera tiene ánimos para autoiluminarse.

La agenda telefónica solía albergar un fantasma. Ahora, si algún día decide regresar, ya no tendré miedo de apartarle de mi vida.