martes, 19 de agosto de 2008

Las Cuatro Estaciones

No sé a ustedes, pero a mí el calor me agota. Tanto es así que sudo mi propia respiración, la exhalo por todos los poros de mi piel hasta que me doy cuenta que estoy viviendo otro día más en la época más calurosa del verano.

Porque, aunque les parezca atípico, mi estación preferida ha sido siempre el otoño, si no fuera, claro está, por el cambio horario, pues nuestra vida cotidiana tiene una hora menos de color y calor, y ese tiempo se aprovecha para caminar entre las calles ya con las farolas encendidas, para observar que la humanidad se viste de largo marrón, y para comprobar que la programación televisiva vuelve a la normalidad emitiendo los mismos realitys que hace varios años invadieron nuestras casas.

Sin embargo, el otoño no deja de ser sorprendente en otros aspectos. Por ejemplo, en los colores que ofrece la naturaleza. Se trata de algo paradójico si tenemos en cuenta que al tratarse de una transición hacia el frío, haya tanta policromía. Es maravilloso caminar por los senderos, descubrir ese sosiego personal envuelto entre las ramas que desenlaza sin problemas el aire puro...

Para mí, es especial haber nacido en octubre. Me describe a la perfección mis sentimientos, mis aspiraciones... Es como si me sintiera hipócrita haber nacido en primavera, en verano, o en invierno; porque aunque para la mayoría de gente asocia el otoño como una estación fría, melancólica, sin vida, en realidad es todo lo contrario, ya que el hecho que llueva no significa que debas estar triste, ni el día que tengas que ponerte una chaqueta -que ni loc@ te pondrías ahora- significa que no estarás menos atractiv@.

Todo es cuestión de la fortaleza de nuestro ánimo, de la capacidad de quitarnos tópicos de nuestra cabecita. Nací y empecé a disfrutar de las estaciones antes que nadie me enseñara para qué servían, cuál era su función y la trascendencia emocional en los seres humanos. Por ello no es de extrañar que a muchas personas les encante pasear bajo una frágil llovizna, o adoren ver los relámpagos, e inmediatamente, cuenten los segundos que faltan para que suenen los truenos. Eso sí: a nadie le gusta estar en medio de una tormenta en plena calle y sin paragüas, y llegar empapad@ hasta los huesos a cualquier sitio con un humor de perros.

Porque de lo que se trata es de realizar el mejor año de nuestra vida, año tras año, y no importa en qué estación, preferida o no, te sientas más cómod@. Porque todas ellas, sin excepción, son bellas, con sus colores radiando, con sus manifestaciones de sol, lluvia, nieve, tormentas... con tus risas, anécdotas y buen humor. Todas están ahí, dentro de un año de nuestra vida, para que cada día que pase sea único, brindándote tu alegría como la mejor garantía de futuro.

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