sábado, 6 de septiembre de 2008

8 megapíxeles de despiste postvacacional

Agosto fue bello. Tanto es así que, de un mes a otro, se le agotó el nombre de tanto usarlo. Y es que no aprendemos. Cada año lo mismo. Nos compramos pareos, nos atiborramos de sol, y el boca a boca es fundamental para copiar el destino de vacaciones de nuestros vecinos, amigos o familiares; pero falta algo, algo esencial que nos beneficie a la hora de volver a casa.

Que sí, que está muy bien ponerles los dientes largos a tus vecinos, amigos o familiares cuando les cuentas con todo lujo de detalles que montaste a camello, que viste al famoso de turno en su yate privado dándose el lote con… o subiste el pico más alto sin utilizar el coche sabiendo que ellos, en su momento, no lo hicieron. Sin embargo, no hay cámara que pueda captar el momento único de volver. Las vacaciones terminan y las caras se convierten entonces en extensiones del suelo; las picaduras de los mosquitos y demás seres puñeteros que forman parte de nuestro ecosistema mundial, parece que ya no pican tanto, e incluso nos resistimos en repartir los famosos “Recuerdo de…” a la gente de la que nos reímos tumbados en una hamaca mientras ellos trabajaban, simplemente para olfatear aún las últimas gotas de vida de este mes que nos dio tanta vida pero que a la vez no pudo, una vez más, sorprender al resto de la humanidad y prolongarse, al menos, dos semanas más.

Una vez que se ha regresado, ya no hay vuelta atrás. Y es que todo está en el mismo lugar de donde lo dejaste. Quizás con más polvo, pero vaya, un polvo que perfila el mismo desorden con el que convives diariamente. Es más, tu vecina, sintiéndose con la misión más importante del mundo, no ha parado de regar el geranio de tu balcón desde que te fuiste, y decides no dilatar más su agonía tirándolo a la basura.

Sí. Te lo creas o no, la rutina hará mella en tu agenda hasta, por lo menos, Semana Santa. Así que es conveniente que recuerdes para quien trabajas, dónde lo haces, y bajar en seguida a un bazar chino a comprar algo para tu jefe y que indique que estuviste en tal sitio y le trajiste… ¿un gato que se balancea para atrás y delante con una pata saludando?. Ya sabes, para quedar bien, porque vas a necesitar que haga un poco la vista gorda estos días, créeme.

Porque el primer día de vuelta, ese en el que te encuentras casualmente, como el que no quiere la cosa, a tus compañer@s de trabajo, las cosas son muy extrañas… Para empezar, nadie habla. Sólo se balbucea, y es que no hay fuerzas para nada más. Ten en cuenta que has estado un mes entero sin verles, y es muy posible que se te olvide algunos nombres, y ell@s, por su parte, puedan olvidarse del tuyo. Así que es mejor no meter la pata. Mantén la boca bien cerrada y la cabeza agachada cuando pase alguien que parezca ser tu encargado, o el tío de piel cubana que desde hoy se hace pasar por tu encargado. Porque hay que recordar que nuestros superiores también son personas, al igual que tú y que yo, aunque con una clara diferencia: seguro han podido gastar más que tú. Ellos no van a hoteluchos o pensiones, van a lo caro, a los hoteles de 5 estrellas, a montar en caballo y a subirse en globo todos los días, a practicar golf o en fin, para maquinar alguna estratagema para alargar su estancia y tú tengas que realizar su trabajo en los días en los que te toma el pelo fumándose su puro mientras le masajean los pies.

Pero aunque el primer día no sea el de mayor productividad del resto del año, esto no quiere decir que tampoco podamos resistirnos a enseñar nuestras humildes fotos a todo el mundo, y lucir palmito al nombrar lugares y asegurar que has estado allí por una foto en la que has salido casi con los ojos cerrados. Como siempre, cuando te ponen flash. Pero hay que tener presente, que el primer día, ese en el que Agosto pasó a llamarse Septiembre, no estamos en plenas facultades para hacer según qué cosas. Ni mucho menos escaquearte, porque te pillarán, seguro. Se te olvidará algo, o simplemente llegarás tarde a trabajar, así que no tientes a la suerte.

Y es que falta algo para que esto no ocurra. Quizás necesitemos de unas vacaciones a las vacaciones, y podamos recuperarnos tranquilamente, sin agobios. Hay que dejar que las cosas vuelvan a su sitio, y volver a sentar cabeza. O mejor dicho: tumbar todo el resto del cuerpo y cerrar los ojos. Y ni aún así, nadie nos salva de que alguien coja sin permiso nuestra cámara de 8 megapíxeles que dejamos encima de una mesilla, y nos haga una foto mientras soñamos, con una sonrisa de oreja a oreja, que estamos a punto de coger de nuevo las vacaciones…

1 comentario:

Adnama dijo...

Buen sueño, me apunto a soñar que cojo de nuevo los vacaciones. Buen post, muy original tu descripción de las idas y las vuelats del tan deseado agosto. besos