sábado, 13 de diciembre de 2008

Productos televisivos (I):
Gane 3000€ demostrando que usted no es tonto aunque lo parezca

Cuando iba a primaria, contaba con un profesor que sabía ver las realidades desde otro punto de vista. Un día, nos hizo un comentario insólito. Aún lo recuerdo claramente. En aquélla época, había un interés general sobre la existencia de los ovnis, los objetos voladores no identificados. Quizás fuera por la fama que adquirió entonces el entrañable ET, el extraterrestre, quizás por las incontables imágenes falsas que se publicaban en las portadas de los periódicos. Lo cierto es que aunque no existiera aún ninguna versión comercial de Photoshop, había cantidad de montajes fotográficos, y un montón de frikis y hippies (es asombroso lo bien que coordinan estos dos conceptos), organizaban asentamientos de bienvenida para recibirlos con las brazos abiertos… Con los brazos abiertos y con unas buenas dosis de cannabis y otras substancias para el cuerpo, vaya.

Pues bien, este hombre, con su aplomo, entró en el aula leyendo su habitual diario, dándonos los buenos días tras unas enormes páginas de papel, que impedían verle la cara. Sólo podíamos oír, al menos yo, un ronroneo agitador tras ellas. Estaba rechistando para sí mismo, como no dando crédito a lo que acabara de leer. Al toparse con su mesa, dejó caer su coqueto maletín negro, e instantes después, se dirigió solemnemente a sus alumnos, con el periódico enrollado y utilizándolo de batuta:

-Hijos míos, si alguna vez vinieran los marcianos y se cargaran la humanidad en un sólo segundo, no os podéis imaginar la cantidad de idioteces que podrían encontrarse en ese momento por la televisión. ¿Esa será la única imagen que daremos, el único legado de la humanidad? “Bueno, bonito y barato. Y si encuentra algo mejor, le devolvemos su dinero.”

Aún hoy, creo que estamos tentando la suerte. Sólo en este medio de información, se puede encontrar verdaderas joyas de este legado humano, como por ejemplo, los concursos. Muchos sábados o domingos, o alguna vez de madrugada, me acuerdo de aquel ingenioso profesor de matemáticas, cuando topo con formatos de tipo “gane 3000€ demostrando que usted no es tonto aunque lo parezca”.

Para saber diferenciar estos concursos del resto observemos sus principales características:

1- El formato en pantalla suele estar dividido en tres zonas.

1.1- La primera, y principal, situada a la derecha, está la presentadora, que debe olvidársele a menudo la ropa de ir por calle y se pone la de ir a la playa.

1.2- La segunda, y a la vez razón de existencia, es un panel. Éste consta de una imagen, un crucigrama, una sopa de letras, o un jeroglífico, la mar de sencillos. No apto para los que saquen o sacaran buenas notas en el colegio.

1.3- La tercera zona se refiere al teléfono al que debemos llamar para solucionar el panel. Y bajo éste, en ocasiones con efecto marquesina Fórmula 1 recorriendo el largo de la pantalla y con este tipo de letra, perdón, con este tipo de letra, se encuentra lo que yo llamo el susto: las tarifas telefónicas.

2- La presentadora reitera una y otra vez la mecánica del juego, intercalando datos de su infancia con pistas evidentes sobre la resolución del panel para que la gente –en principio, inteligentemente del montón- se anime a realizar una llamada de por lo menos 4000€, para que les pasen directamente en antena y sueñen en convertirse de repente en una especie de héroes, por haberlo resuelto antes que nadie.

3- Por lo general, la música de fondo recuerda a una película en la que alguien huye despavorido de unos zombis muy feos, a los que les falta toda clase de miembros, menos las piernas, para poder perseguirle. Esto es habitual. Así consiguen que nos involucremos en una tensión constante en la duración de dicho programa, genial para noches en desvelo, con el vaso de leche caliente aún intacto encima de la mesilla, sin atrevernos a cogerlo por si acaso debajo de él sale la cara de uno y nos mata del susto (insisto: son muy feos). Eso, o coger la fregona, lo que implica ir hacia ella; cruzar el salón, atreverse a ir por el pasillo… todo a oscuras…, hasta llegar al cuarto de las cosas que hace tiempo no te paraste a ordenar… Y de pronto…

4- Los sobresaltos inexcusables que se producen para informar la duración restante de la transmisión. Una regla fundamental es que siempre habrá prórrogas. Y no importa cuántas se hagan, ni las innumerables ocasiones en las que seremos advertidos: la regla fundamental es que nunca es tarde para ser timado. Lo extraño e incoherente aquí sobre la medida del tiempo es que cuando expira, salta un dispositivo que ni el cuerpo de bomberos en máxima alerta. Una parafernalia de sirenas y luces rojas rotantes se hacen con todo el plató, provocando una situación de apocalipsis que ríete tú de las predicciones del gran Nostradamus. El nerviosismo de la presentadora, entonces, comienza a centrarse desesperadamente en la atención de algún espectador. Por otra parte, las personas que, teléfono en mano, sigan en espera, comenzarán a escuchar por décima vez consecutiva el hilo musical, y de tanto en tanto, la grabación de un hombre asegurándoles “En breve le pasaremos en directo, por favor, espere…” Todo esto mientras se ve volando por toda la pantalla, intermitentemente, la recompensa del juego, a la que ahora, han sumado ¡1000€ más!

5- Ya para acabar, porque algún día debería de acabar (y no me refiero a mi escrito), hago constancia de varios milagros. Uno de ellos es que, ya por la quinta prórroga, cuando las sirenas empiezan a sacar humo y tan sólo restan cinco segundos, deciden pasar a alguien en antena, en el supuesto caso que exista ese alguien, claro. Y cómo no, la respuesta es evidente. Acierta y se lleva el premio. Las luces rojas se reemplazan por confetis, globos y matasuegras. De la sensación de una película de zombis pasamos a una escena muy usada por los americanos: la graduación universitaria, el momento en el que todos son muy felices y lanzan al aire el birrete. Aunque el auténtico milagro, sin dudarlo, está en haber sobrevivido a la emisión. Da igual que pongan seguidamente los créditos. Se acabó, y tú sigues vivo... Un poco desquiciado, todo hay que decirlo, pero vivo al fin y al cabo.

Así que ya sabéis. En el caso de haber localizado, en cualquier cadena, un programa como el descrito aquí y haber llamado por error al número de contacto que proporcionan tan hermosamente sin haber leído atentamente el segundo punto de este capítulo, sólo falta que permanezcas a la espera un breve período de siglos…

Próximamente, en el Capítulo II…
Productos televisivos: las campañas publicitarias
¡No se lo pierdan!

4 comentarios:

Adnama dijo...

ja,ja,aja...que divertido, y cuanta razón tienes.
Besos

alinatijesus dijo...

menudo estudio sociologico y con master sobrre el sacadinero de los teleconcursos
jejejejej genial

Nacho dijo...

jajaja, muy bueno tio
oye, me temo que tienes que actualizar mi blog puesto que lo he cambiado de livejournal a wordpress:
argonave.wordpress.com

Yuria dijo...

síííí, es verdad. ET es una de mis preferidas, aun con el paso de los años, me dejó huella.
Y esos programas parecen para tontos de remate. " 7 nombres de varón que comiencen por P. Pepito? Oh! Qué esfuerzo neuronal!
Y claro, la azafata, de playa, faltaría plus!

Muy buena tu entrada. Un beso.