viernes, 25 de abril de 2008

¡Exclusiva!

Es una faena ser famoso, ni os lo imaginais. De aquí para allá, firmando autógrafos, respondiendo a los paparazzis en plena calle mientras voy a comprar el pan..., soportando día a día los interminables besos de las ancianitas de mi barrio... No se puede vivir así, hombre... No me pagan tanto…

Y todo porque me lié accidentalmente con una que salía en la televisión, que a su vez relataba que era hija de aquel otro, el también famoso no sé qué…, ni flowers; y éste, por su parte, que se hizo famoso por enterarse de que un célebre actor de su época se lo montaba con la novia de un hombre que no era conocido, pero que su padre había trabajado vestido de Pato Donald como gigoló, y que le venía a ver una tiparraca de muy mala reputación, ya que venía a hurtadillas al local, al anochecer, porque su pobre marido, según ella, nunca le mostró cariño mientras le chupaba en la intimidad un sabañón que tenía en el pie derecho.

Pero he de sobrevivir. De tanto en tanto, voy recorriendo los platós de televisión de todo el país. He de hacerlo. Cada año, al menos, cambian los bizcochitos de las máquinas expendedoras de las salas de espera, están buenísimos… Aunque también, todo hay que decirlo, siento la necesidad de contar mi vida… Sí, sí, cómo oís… Qué fuerte, ¿verdad? Total, no es que a nadie le interese… Más bien se deba al hecho de que son de esas cosas que las marujas y no tan marujas ven para tener la tele encendida y ahorrarse el esfuerzo de tener que apagarla.

Luego todo surge por sí solo. Me refiero a estar en antena. Todo resulta ser más natural cuando actúo. Tengo amigos, incluso, que me felicitan a través de los sms que aparecen de tanto en tanto en pantalla… Y lo hacen con más intensidad cuando María Patiño saca como una leona su vena y decide atacarme… ¡Vamos, Patiño, soy todo tuyo, destrózame! Uhmmmm! Esta mujer me pone de veras…

No sé qué opinan ustedes. Otros dirían que vivo del cuento… ¡No, no, señores! ¡Vivo de lo que ustedes me dan!