lunes, 28 de abril de 2008

¿Cuántas personas en el mundo se están divirtiendo en este momento?

La felicidad es el momento en el que se desvía la atención de los pensamientos (muchos de ellos, frecuentes) que más empujan al sedentarismo mental. Porque solemos pensar mucho, y en ocasiones, mal. No se puede ser feliz mientras se piense mal. Por lo tanto, en vez de torturarnos innecesariamente, es preciso que busquemos alternativas. Y la mejor es, sin duda, ver las cosas desde otra perspectiva.

¿Qué cómo lograrlo? Sencillo. Lo primero que se debe tener presente es que no se trata de llegar a ser tan feliz como una perdiz. No conozco a ninguna perdiz contenta, ni mucho menos a una perdiz contenta después de pasar por los hornos de una cocina. De lo que se trata es ser soportablemente feliz, para el día a día.

El juego consiste en cambiar hábitos rutinarios, de realizar la tarea que tenemos que hacer todos los días de una forma poco habitual. Por ejemplo: de camino al trabajo, las compras, de ir o venir a buscar los peques del colegio… puedo toparme con alguna escalera, alguna rampa, algún semáforo en rojo, da igual… algo, en definitiva, que sirva de excusa para soltar nuestra imaginación y ponernos manos a la obra.

Puedo subir o bajar correctamente los escalones de una escalera o una rampa, con el cuerpo rígido, sin ningún tipo de aliciente, o puedo hacerlo de manera que resulte más ameno, como dando saltitos, en zigzag, de dos en dos, cantando “La chica Yeyé”, de Concha Velasco (para los chicos) o “Macho Macho Men”, de Village People (para las chicas)… Puedo contar los coches azules que pasen mientras el semáforo en rojo, o inventarme para mis adentros la retransmisión de una carrera de Fórmula 1 (hay muchos conductores que no necesitan competir con Fernando Alonso), en lugar de maldecir al monigote para que se vuelva verde.

La cuestión es que si jugamos con nosotros mismos, los demás también querrán jugar con nosotros. En términos de sociabilidad significa que cuanto más feliz nos encontremos con nosotros mismos, más recibiremos de la gente, puesto que sonreír es el camino más corto y efectivo de comunicación entre las personas.

Así que, saca a tu niño o niña interior. ¡Diviértete!, juega, gasta bromas a tus compañer@s y amig@s, cuenta chistes… y, sobre todo, no te avergüences en absoluto. Hay muchísima gente que está deseando verte sonreír.