domingo, 27 de julio de 2008

Indispensable no olvidarte nunca que el lunes siempre irá a por ti

En el momento en el que se inicia un nuevo día, toda la maquinaria del interior de tu cabeza ya empieza incesantemente a funcionar... Por eso, en muchas ocasiones, es típico comprobar que la mayoría de personas necesitan estar en modo "Standby" nada más levantarse de la cama... Algunas, incluso, aprovechan ese modo automático de hacer las cosas de una manera realmente monótona... Por ejemplo, yo, sin ir más lejos, tengo un programa para saludar cada mañana sin apenas abrir la boca. Este consiste en decir…

"Buenos días, ¿cómo habéis dormido esta noche? ¿Hace sol, lluvia hoy?, ¡Qué magnífica mañana! Hoy comeré tostadas con algunas de esas magdalenas tan tiernas…"

… abreviándolo inteligentemente de esta manera …

"Mmmmm…"

Resulte o no efectivo, mi mente –al igual que las de muchos-, a veces, no está para muchas historias por la mañana, sobre todo los lunes, claro. Por ello es vital que el cerebro, consumidor impecable del más del 20% de energía total de nuestro cuerpo, no se quede sin pilas en ningún momento, pues es él el encargado de que no alternemos un calcetín de cada color, de coger las llaves al salir de casa o de recordar que sí, que ciertamente sí es lunes, con todas las consecuencias que conlleva.

Porque existen los lunes. Vaya si existen… Y aunque no fue mi intención, en uno de esos días fatídicos para la humanidad, olvidé activar el salvapantallas en las dependencias de mi cerebro mientras aún procesaba los datos de las cosas indispensables que realizo cada día. El resultado, como os podéis imaginar, fue catastrófico: salí de casa dejando el televisor y la luz del comedor encendidas. Esto podría haberme ocurrido un sábado o un domingo, pero no: se trataba de un lunes. Y supe que lo era porque, ya en la calle, entre otras cosas, justo antes de coger los ferrocarriles, me vino la doble torpeza de olvidárseme el bono en casa, y queriendo solucionarlo, bloqueé por error la tarjeta de crédito en la máquina de billetes.

Por fortuna, ya concienciado en ahorrar energía matutina, también existen los jueves. Con ligera monotonía, y habiéndole comentado con gracia mi caso, una empleada de mi sucursal bancaria soltó, de pronto, una descomunal risa, cuando le aseguré que ya me estaba tomando vitaminas para la memoria. Aunque parezca mentira, fue ella quien me desbloqueó, con su simpatía, el resto de aquélla semana.