martes, 19 de agosto de 2008

¡Despréndete de tus malos rollos y enrróllate, coño!

Si es que cuando nos da por hablar de algo, lo exageramos demasiado, lo convertimos en moda, y se convierte automáticamente en motivo de discusión en todos los lugares a los que el hombre y la mujer han tenido acceso hasta hoy, incluidos los probadores de El Corte Inglés.

El logro de tener un buen día que no se salga de lo excepcional, es hacerlo excepcional. Sé atrevido y piensa a tu favor. Debemos convertir en nuestra cabeza esa moda de hablar siempre de lo mismo, en una recompensa, en una aportación lúdica que nos divierta, y a la vez, amenice nuestra conversación con la persona o personas que tenemos delante.

Por ejemplo: el calentamiento global. Un tema sobre explotado, y utilizado frecuentemente, y por desgracia, como reclamo propagandístico para beneficio de unos pocos. Todos somos conscientes, en mayor o menor medida, del peligro. Pues pese a la gravedad del problema, podemos sacar un punto de humor en ello.Y es que, sumido en una conversación sobre el cambio climático, puedes soltar:

- Ah! ¿Pues sabías que se ha comprobado que las vacas contaminan cuatro veces más que un coche?. Sí, sí... Lo que oyes, y lo hacen por medio de sus excrementos, ventosidades y eructos, a través de los cuales generan 150 kilos de gas metano al año, el cual estriba del CO2 en que provoca un mayor efecto invernadero, tres veces más, para ser concretos.


¿Ves? Por eso recomiendo siempre leer y mantenerse informado sobre aquéllas noticias curiosas que pasan a veces desapercibidas pero que gustan tanto pudiendo así zanjar una discusión de la mejor manera posible con tus compañeros o amigos.

Las Cuatro Estaciones

No sé a ustedes, pero a mí el calor me agota. Tanto es así que sudo mi propia respiración, la exhalo por todos los poros de mi piel hasta que me doy cuenta que estoy viviendo otro día más en la época más calurosa del verano.

Porque, aunque les parezca atípico, mi estación preferida ha sido siempre el otoño, si no fuera, claro está, por el cambio horario, pues nuestra vida cotidiana tiene una hora menos de color y calor, y ese tiempo se aprovecha para caminar entre las calles ya con las farolas encendidas, para observar que la humanidad se viste de largo marrón, y para comprobar que la programación televisiva vuelve a la normalidad emitiendo los mismos realitys que hace varios años invadieron nuestras casas.

Sin embargo, el otoño no deja de ser sorprendente en otros aspectos. Por ejemplo, en los colores que ofrece la naturaleza. Se trata de algo paradójico si tenemos en cuenta que al tratarse de una transición hacia el frío, haya tanta policromía. Es maravilloso caminar por los senderos, descubrir ese sosiego personal envuelto entre las ramas que desenlaza sin problemas el aire puro...

Para mí, es especial haber nacido en octubre. Me describe a la perfección mis sentimientos, mis aspiraciones... Es como si me sintiera hipócrita haber nacido en primavera, en verano, o en invierno; porque aunque para la mayoría de gente asocia el otoño como una estación fría, melancólica, sin vida, en realidad es todo lo contrario, ya que el hecho que llueva no significa que debas estar triste, ni el día que tengas que ponerte una chaqueta -que ni loc@ te pondrías ahora- significa que no estarás menos atractiv@.

Todo es cuestión de la fortaleza de nuestro ánimo, de la capacidad de quitarnos tópicos de nuestra cabecita. Nací y empecé a disfrutar de las estaciones antes que nadie me enseñara para qué servían, cuál era su función y la trascendencia emocional en los seres humanos. Por ello no es de extrañar que a muchas personas les encante pasear bajo una frágil llovizna, o adoren ver los relámpagos, e inmediatamente, cuenten los segundos que faltan para que suenen los truenos. Eso sí: a nadie le gusta estar en medio de una tormenta en plena calle y sin paragüas, y llegar empapad@ hasta los huesos a cualquier sitio con un humor de perros.

Porque de lo que se trata es de realizar el mejor año de nuestra vida, año tras año, y no importa en qué estación, preferida o no, te sientas más cómod@. Porque todas ellas, sin excepción, son bellas, con sus colores radiando, con sus manifestaciones de sol, lluvia, nieve, tormentas... con tus risas, anécdotas y buen humor. Todas están ahí, dentro de un año de nuestra vida, para que cada día que pase sea único, brindándote tu alegría como la mejor garantía de futuro.

A quien madruga… No le mires el diente (III)

(III)

El siguiente refrán también es muy conocido, y puede dar mucho de sí, para todo tipo de interpretaciones.

El que la sigue la consigue.

Vamos allá, analicemos:

-Si nos dedicáramos a seguir a la gente que nos interesa, ¿qué se consigue más rápidamente: a él o ella o una denuncia por acoso?
-Decírselo al pobre Emilio Aragón, que se pasaba la vida siguiendo la línea blanca y cuando creía haber llegado al final, empezaba de nuevo, precisamente igual que los programas de teletienda de su propia cadena, La Sexta.
-¿Qué debe seguirse? ¿La corriente?
-Si fuera cierto el anterior punto, ¿qué se consigue? ¿Electrocutarse?
-¿Habrá conseguido aquella mujer que hace unos años montaba en una moto, poniendo al descubierto parte de su delantera, encontrar por fin a Jack’s?
-¿Este refrán es aplicable a los millones de personas que juegan a la lotería cada semana?
-Si hay más de una persona siguiendo lo mismo, ¿quién debe ser el que la consiga?
-Si se sigue la Fórmula 1 o las motos, ¿quiere decir que se es incluso más veloz que Speedy González?
-¿Hay avituallamientos por el camino, si se sigue muy seguido?
-Las personas que hoy en día siguen a George Bush, ¿qué narices consiguen con ello?

Espero, no obstante, que sigas riendo, y si ya lo haces, consigue que otra persona se ría contigo.

A quien madruga… No le mires el diente (II)

(II)

Otra perla del refranero popular, sin duda:

Más vale malo conocido que bueno por conocer.

O sea, esperad a que me siente un instante, por favor:

- Si esto no fuera cierto, ¿es la auténtica razón para que Dark Vader se pasara al lado oscuro de la fuerza?
- ¿Esto significa que para tener enemigos hay que buscarlos en los propios amigos?
- Si este dicho fuera verdad, ¿en los supermercados dejarían de colocar yogures caducados en las estanterías?
- Según esto, ¿Por tal motivo cuesta conocer buenas personas?
- Si a mí me conoce un montón de gente, ¿Significa eso que soy una mala influencia para ell@s?
- ¿Significa esto que el abuelo de Heidi no conocía a mejor cabrero y se tenía que conformar con Pedro?
-¿Hay que tener poca autoestima para creer todo lo que se lee?

¿Y tú, qué opinas?

A quien madruga… No le mires el diente (I)

(I)

Hay ciertos dichos populares que no he llegado, aún hoy, a entender, como por ejemplo:

Más rápido se coge al mentiroso que al cojo.

O sea, haber:

- ¿Quiere decir que no hay mentirosos cojos?
- ¿Porque hay que correr con un cojo, para ayudarlo si se cae?
- ¿Significa esto que hay que ser cojo para no mentir?
- Si se coge al mentiroso antes, ¿no será porque hemos hecho trampas para alcanzarle?
- ¿El que escribió esto era un mentiroso?
- ¿O era un cojo de pega para dar pena y llevarse a la cama a todas las chicas de la discoteca?

En fin. Si crees ser un/@ mentiros@, miénteme, y dime que no me has sonreído ni una sola vez al leer esto.
Por el contrario, si eres coj@, ya sabes: di siempre la verdad, excepto cuando creas tenerla.