lunes, 23 de febrero de 2009

¡De aquí a Hollywood! (por algo se empieza)

Premio Dardo Blog de Oro

 

Irlhadia tiene muchas cosas buenas; por ejemplo, el buen humor, la sensibilidad y por supuesto, aquellas personas que repiten y vuelva a visitarla. Porque la sonrisa es el combustible de este espacio, la complicidad y el abrazo afectuoso que dedico a aquéllos que quieran pasar un ratito genial.

Por este y otros motivos (entre ellos, el soborno), Irlhadia ha recibido sus dos primeras condecoraciones a las que con mucho agrado y sonrojo, acepto y ¡qué cojones! a buen seguro merezco.

Asimismo, gracias de nuevo a La Calle Vacía por incluir este mundo de sueños entre su lista preferida, y sólo decirle que su jamón de pata negra ya está pedido.

Quiero aprovechar la ocasión también para mandar un saludo cordial a todos los que me leéis, que no sois muchos, aunque eso sí, valientes sin duda, por el mero hecho de querer pasarlo bien y conseguirlo. También otro para Pe, que acaba de ganar un Oscar como mejor actriz de reparto por una malísima película de Woody Allen. Y otro (¡estoy que me salgo!) para Kate Winslet, que desde que se hundió el Titanic, me tiene el corazón anegado de amor…

Y como manda la tradición, nominaré a mis 15 candidatos, aunque si por mí fuera, pondría el triple. Los nominados, y los que a partir de hoy deberán conseguirme un jamón del bueno, son:

Yo y mis circunstancias
Bagajes
Mi vida virtual
Neus
COMO NO SABIAN QUE ERA IMPOSIBLE...LO HICIERON
El iResponsable
Las 1001 noches
Cazando Sirenas
A Contra Luz
ALCANZAR LAS ESTRELLAS
TORO SALVAJE
Taxi Driver
Absolut con Red Bull
Blogueando-ando
Observador Virtual

Los aquí mencionados deben seguir las siguientes reglas del concurso (sin azafatas, pero bueno).
1- Aceptar, hacer que el Logo sea visible, respetar las reglas.
2- Hacer un link al Blog que te ha premiado.
3- Premiar otros 15 blog y avisarles.

¡Un abrazo Irlhadiense a todo el mundo!

sábado, 21 de febrero de 2009

Cuentantáneo

caperucita-roja1

(Cuento de improvisación empleado en mis clases de Risoterapia. Cada asterisco es un sonido a reproducir por el público, mientras se va desarrollando la acción en escena)

Erase que se era una niña a la que todos la llamaban Caperucita, la pija. Un día, estando en su casa, recibió una llamada a su *teléfono móvil. Era Cenicienta, que la invitaba esa misma noche a ir a la inauguración de una discoteca nueva. Sin pensárselo dos veces, cogió sus zapatitos pijos y su bolso de la Toustón, se maquilló, se peinó, y se puso postizos en el sostén para Dios sabe qué. Al salir, cerró con *dos vueltas de llave la puerta de su casa, y conectó, por si las moscas, la *alarma anti-lobos.

De camino por el bosque se encontró a los *Tres Cerditos, y le hizo mucha ilusión porque hacía mucho tiempo que no los veía, así que abalanzándose hacia ellos, les dio un gran abrazo. Sin embargo, los *Tres Cerditos estaban desconcertados, asustados, cagados de miedo, vaya, *gritando y llorando en medio del bosque. Lo que no sabía Caperucita es que habían sido mordidos por una *avispa con muy mala leche, que a su vez antes había picado a Bin Laden, escondido también en aquel profundo bosque.

Los *Tres Cerditos, del miedo que sentían, le dieron un empujón a Caperucita y le hicieron caer a tierra, aplastando multitud de *hojas secas.
Cuando ella se encontraba en el suelo, los *Tres Cerditos quisieron morderla en el cuello y convertirla en uno de los suyos, pero en un acto reflejo, Caperucita sacó un spray de defensa y lo *aplicó contra ellos, dejándolos aturdidos el tiempo suficiente para poder escapar y dejar a atrás a los *Tres Cerditos.

Caperucita siguió caminando por el bosque un buen rato, pisando continuamente *hojas secas, que la delataban. Para empeorar las cosas, el cielo se tornó gris, y una *lluvia tenaz sorprendió a Caperucita, que estaba desamparada y sin poder pedir auxilio a nadie. Empezó a *tronar y los *relámpagos vislumbraron una casa al final del camino, así que corriendo lo más que pudo, se dirigió a aquella casa para salvaguardarse de la tormenta.

Picó al *timbre. Nadie contestó. Volvió a picar al *timbre. Seguían sin contestar. Esta vez, *dio golpes a la puerta. Y esta, se *abrió por sí sola. Una vez dentro, encontró siete camas diminutas y ya que estaba muy cansada, decidió abrir su bolso y sacar su pijama para colocárselo, no sin antes quitarse los postizos, claro. Luego, se fue al cuarto de baño y abriendo el grifo, dejó correr un *hilo de agua para limpiarse los dientes y lavarse la cara. Más tarde, y aprovechando la situación, sacó del bolso su Epilady, y comenzó a *depilarse las piernas, que parecían más bien las piernas de un oso que las de una niña. De cuento, vaya...

Dos horas después se dirigió de nuevo al dormitorio y se acostó en una cama cualquiera, *crujiéndole todos los tornillos de esta. Acurrucada bien y a creyéndose a salvo, se tapó con la manta y no tardó mucho en dormir. Ni mucho tiempo, todo sea dicho, para *roncar.

Los enanitos, *siempre cantando, volvieron a casa después de un día duro de trabajo en la mina buscando diamantes para poder venderlos a las más exclusivas tiendas en Londres. Todos menos uno, que había quedado rezagado por el camino oyendo el *piar de los pajaritos.

La sorpresa, naturalmente, fue encontrar tal cantidad de pelo esparcida por el lavabo que ni se podía entrar en él. La segunda sorpresa fue encontrar a Caperucita durmiendo como un lirón o mejor dicho, *roncando como una fumadora empedernida, a pierna suelta.

Caperucita movía la cabeza de un lado a otro, como teniendo una *pesadilla, y de vez en cuando hacía también *gárgaras. Los enanitos, muy cuidados ellos, trataron de despertarla con un *silbato, con una *bocina y con un *martillo eléctrico, pero tenía cogido el sueño tan profundo que desistieron.

En ese momento, llegó el séptimo enanito, con una actitud muy extraña... Ay! Había sido mordido por la *avispa; o peor aún! Por Bin Laden! Así que, sin dar escapatoria a sus compañeros, mordió uno a uno, dejándolos inconscientes en el suelo. Cuando éste vio a Caperucita en la cama, trató de morderla, pero esta, despertándose en el justo momento, como en las pelis de acción, le hizo una llave karateka que lo dejó KO el suficiente tiempo para vestirse, ponerse de nuevo los postizos y *fregar los platos de los enanitos antes de su huída hacia el bosque.

Después de haberse recorrido una maratón, llegó a casa de Blancanieves. Así que picó al *timbre. Y BlancaNieves le *abrió la puerta. Dentro ya, Blanca observó la palidez de su amiga y le invitó a sentarse en el sofá que recientemente había comprado en IKEA. Caperucita, como buena maruja que era, le explicaba todo de pe a pa, mientras el *silbido de la cafetera avisaba que el café ya estaba listo para servir. Blanca se levantó y ofreció una taza a su amiga. Luego se levantó y se dirigió hacia una radio. La *encendió y trató de *sintonizar con la emisora bosque encantado.fm.

Las dos, atónitas, estaban escuchando que todo el bosque parecía poseído, y el miedo corría por sus venas según el locutor narraba más y más lo ocurrido...

De golpe, se escuchó un gran *estruendo. Todos los seres del bosque, infectados por la picadura de la dichosa *avispa, tiraron la *puerta abajo. Para colmo, BlancaNieves también era una de ellos y Caperucita, harta ya de que la persiguieran, sacó una flauta de su bolso y empezó a *tocarla. Todos, ensimismados por tal melodía, la escucharon atentamente, y decidieron seguirla hasta el infinito y más allá. Desde ahí, Caperucita los llevó sin rechistar a un centro médico para hincharles de supositorios y curarles, con lo que todos, caminando como podían, fueron a agradecerle enormemente el gesto.

Así que Caperucita pudo por fin disfrutar de una *noche loca con su amiga Cenicienta, y por qué no, conocer al hombre de sus sueños, un hombre con turbante blanco y barba casposa…

lunes, 16 de febrero de 2009

Mañana es un día que hay que chillar a grito pelado "Buenos días"



Una vez, andando por la calle, llegué a chocar por segunda vez con mi buena suerte. Y fue tan fatal el encuentro que empecé a sangrar por la nariz. Ella apenas se había hecho nada; había tenido, cómo no, muy buena suerte.

- No recuerdo cuándo fue la última vez que choqué contigo- me dijo.

- Yo sí lo recuerdo- le contesté- Te di los buenos días y me salvaste la vida. Aquel día te saludé, como cada día, pero ibas tan acelerada que no te diste cuenta de mi presencia hasta que chocamos y del fuerte impacto caímos rotundamente a unos metros del otro. Creo que hubo un momento que me quedé inconsciente, pero recuerdo vagamente que vino una mujer a socorrerme, y a ti otra persona. Esa mujer me realizó las primeras curas, y entre titubeos, llegué a preguntarle su nombre. Tú, mi buena suerte, te fuiste con la persona que rápidamente te atendió. Era la que se preocupaba que estuvieras consciente y le hablaras.

- Sí, es cierto... Esa persona me encontró, y yo le correspondí, pero a ti, ¿en qué te salvé la vida?- preguntó intrigada.

- Dije antes que llegué a interesarme por el nombre de aquella mujer... Y desde entonces, su nombre amanece conmigo cada vez que abro los ojos e instantáneamente le deseo mis buenos días.

domingo, 15 de febrero de 2009

En otro momento

Dos hileras de árboles frondosos dan los honores a un camino rebosante de luz. El viento mece sus copas y un cielo estrepitoso pía encima de ellas, acompañando la serenidad de una tarde cualquiera en cualquier parte. Conmigo. Aquí. Sin dar crédito. La vida ha despertado en medio de todo el tiempo en el que dejó de existir para darle importancia a las cosas que una vez perdimos.

Ya no hay vuelta de hoja. Es así cómo me costó aprender que un trayecto tiene una única dirección. Es el sentido en el que se toma el que marca tu destino. Por consiguiente, sólo hay una dirección y un único sentido, porque por mucho que les demos vueltas, no tiene sentido volver atrás.

No recuerdo cómo he llegado a ver el verde tan verde de la hierba, no recuerdo haber escuchado jamás el canto de los pájaros, no recuerdo haber estado antes aquí. Y sin embargo, sé que, en otro momento de mi vida, jamás hubiera podido disfrutar este instante como lo estoy haciendo ahora, jamás hubiera podido imaginar que lo único y espectacularmente colosal que poseo aquí y ahora, es este momento.

viernes, 13 de febrero de 2009

Querido San Valentín...



Desde mi punto de vista, y de momento no uso gafas, el amor fluye hasta en las situaciones más simples y cotidianas de la vida. Por ejemplo, una llamada equivocada a nuestro número de teléfono, un choque frontal (y consecuentemente nasal) con una chica o chico miope al tratar de girar la esquina de una calle, una abducción de extraterrestres venidos de muy lejos para diseccionarte y hacer un montón de pedacitos tamaño quesitos del Caserío de tu gran corazón… Oh, l’amour!

Y si esto es posible, ¿por qué no entonces encontrar ese punto de romanticismo a otro tipo de situaciones? Os lo voy a demostrar, sin permiso de Don José Zorrilla, por motivos obvios. Así que, cada uno puede escribir y sentir la verdad que más desee…


I
(Poema que podría dedicarle una mujer a su marido)

¿No es cierto, so comodón,
que en este apartado sofá
más luce la tele digital
y se ve mejor?

Esta programación que de fútbol llena
de absurdos goles
de los exhaustos goleadores
que critican en la sexta cadena;
ese deporte sucio y ruidoso
que atraviesa sin compasión
las paredes de nuestro salón…
¿no es cierto, pichón mío,
que a mí me tienes en el banquillo
cada vez que hay partido?

II
(Poema entre vecinas)

¿No es cierto, vecina mía,
que en esta foto de revista
más luce el escote de Leticia
y su operación en la nariz salta más a la vista?

Esta princesa que de páginas siempre acapara
kioscos varios de prensa rosa
desde la Pronto hasta el Hola,
desde el AR hasta el Semana;
esa real y nueva Borbona
que levanta y saluda sin temor
la mano como la mejor
¿no es cierto, vecina mía,
que hoy dan sin falta ¿Dónde estás corazón?

III
(Poema de un marido insatisfecho al dueño de un bar)

¿No es cierto, dueño del Bar Pepe,
que en esta apartada barra
más pura la cerveza parece
y a nadie le importa mucho si haces gárgaras?

Esta San Miguel que en mis venas vaga llena
de amargo color amarillo,
ante él me arrodillo
y te pido, oh Pepe, que sirvas más aceitunas rellenas;
que en casa mi mujer me espera
y no estoy aún lo bastante mareado
para creer que sigo casado aún con ella
¿no es cierto, Pepe,
que estos quintos los pondrás, como siempre,
a su cuenta?

IV
(Poema unánime en busca de culpables)

¿No es cierto, banquero mío,
que por codicia y mala gestión
las hipotecas han subido
y comprar un piso cuesta ahora un cojón?

Esa moda de seguir a Estados Unidos
en lo bueno y en lo malo,
en las deudas y en los préstamos,
que ha ocasionado este gran estampido;
por esta crisis tan grande te alabamos
que se extiende y despide a tantos

y permiten darte trabajo
¿no es cierto, banquero mío,
que tú llega
rás cada día a tu casa apenado?

y V
(Poema para recordar a aquellos que nos dieron todo cuando éramos más jóvenes)

¿No es cierto, Espinete,
que en este apartado guateque
cantas, bailas, te desnudas
y una mediocre paga al final de mes te pertenece?

Ese Don Pimpón que los bolsillos se llena
a tu costa de dinero en negro,
que siendo mánager te hace cantar con Carmen de Mairena;
ese erizo rosa que no llevabas ropa durante el día

y un camisón por la noche te ponías
¿no es cierto, Espinete,
que en estos años has echado de menos volver a la tele?

lunes, 9 de febrero de 2009

Ilusión


Con qué ilusión,
sé yo,
¡ay! con qué cariño,
desde las frágiles pisadas,
y con sigilo,
vas haciendo de la vida
un bello camino.

Los buenos momentos
te llaman a gritos,
te miran,
te agarran de la mano
y te susurran al oído.

El tiempo que cuentas
se cuenta por capricho,
en el que en alguna parte,
y por un casual despiste,
ha quedado dormido.

Con qué ilusión,
sabes,
se avanza hondísimo
lejos de aquí
pero contigo,
sin poder quebrar el ancho silencio
de un mañana
eternamente infinito.

domingo, 8 de febrero de 2009

Sonrisa de caracol


El mundo nos parece grande, y como él, somos grandes…

Cada uno con su propio caparazón, cada uno con su propia historia, su propia versión de la vida.

Así que, ¿qué nos ata para no explorarla?

Salgamos a ver.

A opinar.

Pero nunca dejemos abatir el ánimo.

Porque los que no nos interesen, debemos dejarles hacer su propio camino.

Y dejarlos marchar.

¿Sabéis por qué?

Porque no podemos perder ni un solo instante.

Hay que ver, olfatear, saborear, palpar lo más que se pueda en esta vida, sin perder tiempo ni energía en gente que en seguida se acostumbra a hacernos daño.

Saquemos las antenas y seamos receptivos.

Os aseguro que los primeros rayos de sol serán nuestros.