domingo, 19 de julio de 2009

Sobre ángeles y demonios...


Un ángel de la guarda y su humano protegido (de nombre Pepe, Felixmiano para los amigos), conversando después de que el ángel le salvara de una muerte segura, en plena madrugada, con la ilusión de ver nacer un nuevo día:

-Mil gracias, ángel de la guarda, de no haber sido por ti, no sé qué me hubiera hecho esa apisonadora mientras cruzaba la calle sin mirar en un estado de embriaguez que ni en mis mejores tiempos, oye…
-Sí, sí, si…ya vale, está bien. Aparta tu aliento de mi cara que me vas a hacer que se me caiga el anillo de la cabeza. Es mi trabajo ¿sabes?, para ganarme las alas y esa parafernalia. No es nada personal, ni siquiera me caes bien. Sin embargo te recuerdo que la décima cláusula de nuestro contrato dice explícitamente que debo quedarme yo con las 10 primeras gracias y las restantes deba donarlas a una ONG divina, aunque por el plus de hacerme levantar a estas horas, lo haré al revés… No te creas eso de que Dios ayuda a quien madruga… Antes de venir a salvarte, se me han quemado las tostadas. Total, eso de la caridad no va conmigo, qué le voy a hacer.
-¿Cómo?- se extrañó el salvado.
-¡Uy, quería decir que aquí estoy, mi buen amigo! Ya sabes, para ayudar a los demás, claro que sí...
-Si es que eres un buen ángel, ángel mío...
-Caído, diría yo...-susurró el espíritu, agachando la cabeza.
-¿Caído, mi ángel? ¿Por qué lo dices?
-Vamos a hacer una cosa, mi fiel y apestoso borracho. Pásame la petaca y sentémonos en aquel banco de allí, junto al vagabundo estirado.

Se dirigieron los dos hacia un banco próximo, ocupado en parte por un vagabundo que dormía profundamente. Apartaron algunos papeles de periódicos que cubrían su maloliente cuerpo y con ellos hicieron una guerra de bolas entre los dos. Tras una media hora jugando sin parar, y gritando como locos, no consiguieron despertar al mendigo.

-¿Sabes? Ganarse el cielo es más complicado de lo que generalmente se piensa. Por ejemplo, el otro día me compré unas alas de algodón puro, sí, de esas blanquísimas y relucientes, pero les faltaban pilas, porque no iban... ¡No consiguieron alzarme ni tan siquiera un centímetro del suelo! Y no veas tú, las que sudé para subir un sólo escalón… Total, luego para terminar mancharlas con cualquier cosa. Porque vestir de blanco durante todo el día es un fastidio...¡Todo el día lavando trajes! ¡Esto es un sin vivir! Así que, sintiéndolo mucho, ¡prefiero ser diablo y no romperme los cuernos con tantas cosas!
-No te imagino de rojo- respondió Pepe
-Sí, verás, como la mujer de rojo... Igual. Iría muy mono yo... Con un tridente y un rabo...
-Otro tri… ¿qué?
-Bueno, otro rabo... Haciendo maldades por ahí...
-Te encanta, pillo…
-Sííí, provocando guerras entre países o peor aún: colándome en las colas de las panaderías como hacen las ancianas...
-¿Y serías capaz, ángel?
-No, no...Ahora no... Soy un ángel hecho y derecho y se supone que no debo hacer ese tipo de cosas...Prefiero a que se cuelen a colarme yo. Lo de mostrar la otra mejilla, ya sabes.
-¡Qué cosas tienes, me haces reír!
-Sí, tú ríete, pero es un fastidio que estés haciendo cola como el mejor y cuando crees que ya ha llegado tu turno, venga una adorable y encantadora abuela empujándote en el hombro a comprar lo que era tuyo...
-Mi abuela forma parte del FBI, por eso no puede entretenerse mucho mientras va a comprar los bollos.
-¡Ah!... Ejem, bueno, será eso… ¿Y el aro de la cabeza? ¿Te he comentado lo del aro?
-Ni idea del aro, ¿qué le ocurre? Yo lo veo muy mono, y da mucho morbo.
-No más lejos de la realidad, borracho mío. Los chavales del barrio lo utilizan de canasta... Así, como el que no quiere la cosa…
-¿Y cuando fallan?
-Imagínate de dónde son estas líneas que recorren mi cara. Así, estoy... Más feo que pifio...Eso por no decirte dónde van sujetos los dichosos aros, claro...
-¿Dónde van, mi buen ángel?
-Te lo diré. Dos implantes en el cuello de titanio, material que se usa para fabricar las lanzaderas espaciales,
ahí colocados.... fue el tío de Bricomanía*. Me acordaré de su cara toda mi vida. Se la tengo jurada.
-¿Y los ángeles tienen novias?

En aquel preciso momento, y sin pensárselo dos veces, el protegido beso en los labios a su protector, enternecido por sus palabras y las circunstancias de no haberse convertido en un tatuaje más del asfalto, al lado del chicle con forma de Osito Misha* y una fracción de cáscara de naranja que días atrás había tirada desde su ventana la vecina del quinto de un edificio cercano.

Al ángel se le empinaron las alas, y creyó volar, agarrándose a su pareja y de paso, metiéndole mano sin parar. Los primeros rayos de sol hacían presagiar en su máximo esplendor la llegada del amanecer; los gorriones, cantando, revoloteaban encima de sus cabezas (y del aro de una de ellas) con tal alegría, que dejaban caer de sus picos flores de amapola; los renos domésticos de la ciudad danzaban sin descanso a su alrededor, y Disney no era mortal para imaginar todo esto. Dentro de ese especial momento, el ángel apartó delicadamente a su preferido y se confesó:

-He de decirte algo, mi amor…
-No importa, deja el pasado atrás. No lo estropees, que los síntomas del alcohol no duran para siempre, cojones.
-Es importante, cari. Verás… Soy amorfo... Vaya, que no tengo sexo... Así que dime tú por dónde meamos, ¡vamos, que esta profesión es muy sufrida!- se lamentó el arcángel.

Con la cara paralizada, el ebrio compañero se echó atrás. No podía creer lo que estaba escuchando. Los pájarillos, rechistando, cogieron a los renos por las orejas y se fueron volando hasta la reserva natural más cercana. Por más que el ángel intentaba darle una explicación convincente (si la hubiera), reculaba su posición hasta tal punto que llegó a tocar con su espalda los pies del mendigo, que acabó despertándose. Se incorporó entre una mezcla de bostezos, ronquidos y eructos, y rascándose el trasero, se colocó delante de la singular pareja.

-Perdone, yo a usted lo conozco- aseguró el espíritu.
-¿Cómo que le conoces?-preguntó indignado Pepe- ¿Ya estás pensando en ponerme los cuernos sólo porque nuestra relación esté en crisis?
-Cuando sea diablo, seguramente, si es que puedo desprenderme algún día de este aro infernal…
-No podrás hacerlo- contestó inesperadamente el vagabundo mientras intentaba rescatar su desayuno entre las encías de sus dientes.
-¿Y por qué no?- intentaron averiguar la pareja al unísono reproduciendo a cámara lenta una mueca de desprecio hacia a aquel extraño hombre.

El indigente se quitó su gorra y se recogió su nauseabundo cabello con una goma de pollo. Al fin, dirigió su mirada hacia el ángel y solemnemente, le respondió:

-Porque fui yo quien te las puso, concretamente en el episodio número cinco trillones seiscientos mil millones cuatrocientos cincuenta y nueve de Bricomanía*… O sea, dicho de otra manera, soy Dios, y tanto Pepe Gotera como Otilio son mi mano derecha.
-Sí, vale, vale, que los que estén leyendo ya saben de sobras que si tu programa no aparece en el nuevo testamento es porque cambiaste de cadena después de publicarlo…- dijo el ángel.
-Por cierto, esto… Dios… hablando de todo, ¿para cuándo la beatificación de San Gría?- interrumpió el ebrio amigo antes de caer sobre el banco rendido por el sueño.
-Oye Dios… Ahora que estamos en plan confi, ¿por qué razón colocas un aro a todos los de mi promoción?
-Para que estos humanos se traguen que sois más poderosos que ellos. Ya sabes, para que pasen por el aro…
- Oye Dios…
-¿Qué quieres ahora, por Dios,o sea, por mí?
-¿Hay algún ángel gay famoso en el cielo?
-Bueno, hasta que no muera Jesús Vázquez* (¡yo no lo quiera!)… ¡Porque se ha ganado las alas tras encararse con Risto Mejide*! Venga, vamos, olvida a Pepe por ahora, hoy te esperan un montón de dudosas buenas acciones que hacer, y vas a empezar por invitarme a un café bien cargado.


Bricomanía: programa televisivo y con éxito de bricolaje.
Osito Misha: Mítica serie de un osito que hablaba (como la mayoría de animales de su época)
Pepe Gotera y Otilo: personajes de cómic muy populares antiguamente por sus chapuzas.
Jesús Vázquez: presentador multiuso al frente de Operación Triunfo, un reality en búsqueda (se supone y se acepta como cual) de talentos musicales.
RistoMejide: irreverente (y poco creíble) miembro del jurado del mismo programa.

miércoles, 8 de julio de 2009

De incógnito (I)



Mi nombre es Hanz Mermelada de Melocotón. Soy científico (recién graduado por la Universidad de Torontoentero) y dada mi corta experiencia, he decidido realizar mi primer reto profesional para demostrar a mis colegas que yo también puedo salir en los documentales de la 2 de vez en cuando dando a conocer al mundo mis conclusiones.

Siguiendo los barómetros de mi sandwichera híbrida (y por tanto, menos contaminante) durante más de tres meses continuados, observé que existía un desequilibrio creciente entre estabilidad emocional y vida laboral. Al principio, creía que la causa de ello era la panceta reseca que se hallaba en los bordes; no obstante, y tras jugar al pingpong contra mí mismo durante unos cinco segundos y medio, decidí explorarlo más detalladamente, porque algo me decía que, sin duda, estaba ante el descubrimiento del siglo.

A la mañana siguiente, sobre las 08:00 am, con objetivo de analizar la vida de un trabajador cualquiera, me infiltraba de incógnito en una empresa bajo la apariencia cotidiana de alguien que, durante unas horas, estuvo retenido contra su voluntad en mi espacioso chalet contando tan sólo con una pizza napolitana y una ración extra de patatas con alioli y calamares a la romana, a gusto del sujeto, a la luz de las velas, para cenar, y una cama de agua cubierta con una gran cantidad de pétalos de rosas para acomodarse y ver tranquilamente la última película de Disney en la pantalla panorámica que hay justo encima, mientras las porno-chachas le hicieran la estancia lo más llevadera posible. Sé que no lo iba a conseguir, pero todo sea por la ciencia.

Después de informarme exhaustivamente sobre la empresa donde trabajaba y parecerme a él en la medida de lo posible (tardará mucho a que me vuelva a crecer el pelo y a deshacerme de este absurdo tatuaje de un esquimal meándome el codo), he aquí el informe de la jornada:

Objetivo del experimento: comprobar diferencias en los parámetros anímicos de un sujeto en un día laboral.
Lugar de localización: (GMT+01:00) Zona horaria de Bruselas, Copenhague, Madrid y París, en una empresa situada en Barcelona.

Fase 1 (09:00 – 11:00 horas)
Estado de ánimo: con sueño, poco lúcido aún.
Estado de superiores: sin aparecer.
Estado climático: se han encendido las máquinas de aire acondicionado.
Porcentaje de buenos días entre los compañeros: al 0,0%
Porcentaje de sueño: al 45%
Volumen de música (usando cascos) frente a la pantalla del ordenador: al 15%
Volumen general del despacho: al 0,1%
Número de bostezos acumulados (por mí): 45
Número de bostezos acumulados (contando con todos los compañer@s): 1135
Número de consultas por trabajo en Internet: 0
Número de consultas por ocio en Internet: 125
Porcentaje de rendimiento de trabajo: al 0,1%
Cotilleos escuchados: 15
Críticas al jefe: 140
Ocasiones en los que he bloqueado intencionadamente el ordenador para no trabajar: 8
Ocasiones de frecuencia al lavabo: 2
Número de veces en los que he participado en cotilleos: 15
Número de veces en los que he criticado (¿constructivamente?) a mis superiores: 40
Ocasiones en las que he deseado no estar aquí: 32
Porcentaje de disconformidad con mi sueldo: 57%

Fase 2 (11:00 – 13:00 horas)
Estado de ánimo: enormemente aburrido.
Estado de superiores: sin aparecer.
Estado climático: las máquinas de aire acondicionado funcionando al máximo.
Porcentaje de sueño: al 65%
Volumen de música (usando cascos): al 35%
Volumen general del despacho: al 2%
Número de bostezos acumulados (por mí): 65
Número de bostezos acumulados (contando con todos los compañer@s): 2350
Número de consultas por trabajo en Internet: 0
Número de consultas por ocio en Internet: 346
Porcentaje de rendimiento de trabajo: al -0,06%
Cotilleos escuchados: (15)*2/pi
Críticas al jefe: 152
Ocasiones en los que he bloqueado intencionadamente el ordenador para no trabajar: 10
Ocasiones de frecuencia al lavabo: 6
Número de veces en los que he participado en cotilleos: (15)*2/pi
Número de veces en los que he criticado (constructivamente) a mis superiores: 46
Ocasiones en las que he deseado no estar aquí: 64
Porcentaje de disconformidad con mi sueldo: 78,8%

Fase 3 (13:00 – 14:00 horas)
Hora de la comida.
En el microondas hay una cola de 15 personas.
Tengo sólo 10 minutos escasos para comerme dos entrecots que saben a pescado, rábanos y espinacas menos a carne.

Fase 4 (14:00 – 16:00 horas)
Estado de ánimo: agobiado. Debo investigar por qué el reloj gira en sentido contrario.
Estado de superiores: sin aparecer
Estado climático: estalactitas y estalagmitas por todo el local.
Porcentaje de sueño: al 70%
Volumen de música (usando cascos): al 55%
Volumen general del despacho: al 0,1%
Número de bostezos acumulados (por mí): 135
Número de bostezos acumulados (contando con todos los compañer@s): 4281
Número de consultas por trabajo en Internet: 0
Número de consultas por ocio en Internet: 648
Porcentaje de rendimiento de trabajo: al -0,003%
Cotilleos escuchados: ((15)*2/pi)Ω*<319±
Críticas al jefe: 371
Ocasiones en los que he bloqueado intencionadamente el ordenador para no trabajar: 16
Ocasiones de frecuencia al lavabo: 9
Número de veces en los que he participado en cotilleos: ((15)*2/pi)Ω*<319±
Número de veces en los que he criticado (constructivamente) a mis superiores: 68
Ocasiones en las que he deseado no estar aquí: 124
Porcentaje de disconformidad con mi sueldo: 89,7%

Fase 5 (16:00 – 18:00 horas)
Estado de ánimo: al borde del suicidio.
Estado de superiores: sin aparecer.
Estado climático: las máquinas anti nieve vienen a nuestro auxilio.
Porcentaje de sueño: al 85%
Volumen de música (usando cascos): al 85%
Volumen general del despacho: al 7%
Número de bostezos acumulados (por mí): 201
Número de bostezos acumulados (contando con todos los compañer@s): 6549
Número de consultas por trabajo en Internet: 0
Número de consultas por ocio en Internet: 1200
Porcentaje de rendimiento de trabajo: al -0,001%
Cotilleos escuchados: ∞
Críticas al jefe:∞+∞
Ocasiones en los que he bloqueado intencionadamente el ordenador para no trabajar: 30
Ocasiones de frecuencia al lavabo: 12
Número de veces en los que he participado en cotilleos: ∞
Número de veces en los que he criticado (constructivamente) a mis superiores: 75
Ocasiones en las que he deseado no estar aquí: 209
Porcentaje de disconformidad con mi sueldo: 93,7%

Análisis concluyente:
Experimento realizado con éxito, pero un verdadero coñazo, todo sea dicho.

Al llegar a casa me encontré que el sujeto no quería marcharse. Me suplicó y suplicó, y al final, consiguió ablandarme el corazón. Le eché a patadas de mi casa cuando supe que mi estudio había tenido poca o ninguna relevancia entre la comunidad científica.

Pero no todo está perdido. Perder una batalla no significa perder totalmente una guerra. Porque una cosa es segura: algo me dice que, en algún sitio de este mundo o de cualquier otro, Hanz estará muy pronto ante, sin duda, el descubrimiento del siglo.