sábado, 16 de mayo de 2009

Los Tres Cerditos (O el origen de la peste porcina)

Tres Cerditos

En el corazón de un bosque vivían tres cerditos cobardes pecadores de la pradera, por eso el lobo siempre andaba persiguiéndoles para hacerse unas cuantas salchichas y jamón ibérico, como todo el mundo. Para escapar de él, los cerditos decidieron hacerse sus propias pocilgas.

El primer cerdito, el perezoso de la familia, decidió hacérsela de paja, sin grandes lujos y un estanque de barro en medio del salón para ver cómodamente la final de la Champions. En un minuto ya estaba hecha. Y entonces se dedicó a revolcarse por el barro y a comer como un cerdo durante el resto del día.

El segundo cerdito, un glotón, prefirió hacerse una pocilga gracias a Ikea. No tardó mucho en construirla, aunque se le resistieran al principio los tornillos de cuyo nombre no me acuerdo. Y luego se echó a comer manzanas desde su sofá Karlstad y su reposapatitas Poäng.

El tercer cerdito, muy trabajador pero al fin y al cabo mileurista, optó por construirse una pocilga de ladrillos y cemento, por esto de que el sector de la construcción había caído en los últimos tiempos y podía coger todo ese material con total libertad de cualquier obra cercana sin acabar. Tardaría más en construirla pero se sentiría más protegido. Después de un día de mucho trabajo, y ventanales góticos, la pocilga quedó preciosa. La reconstrucción más exacta de La Sagrada Familia que el mundo ha conocido, si la original estuviera ya acabada, claro.

Pero ya se empezaba a oír aullidos cercanos en el bosque…
No tardó mucho para que el lobo se acercara a las pocilgas de los tres cerditos. Hambriento, se dirigió a la primera pocilga y gritó:
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplaré y tu pocilga tiraré!
Como el cerdito no la abrió, el lobo sopló con fuerza, y derrumbó la pocilga de paja sin problemas. El cerdito, temblando de miedo, salió corriendo y entró en el hogar sueco de su hermano.
El lobo le siguió, con una mascarilla en la boca para evadirse de la peste que había causado el derrumbamiento de la casa de paja. Y delante de la segunda pocilga, llamó a la puerta, y volvió a gritar:
- ¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme la puerta o soplaré y tu pocilga tiraré!
Pero el segundo cerdito no la abrió y el lobo sopló y sopló, y la cabaña se fue por los aires. Asustados, los dos cerditos corrieron y entraron en la pocilga de ladrillos de su hermano.
Pero, como el lobo estaba decidido a comérselos, llamó a la puerta y gritó:
- ¡Ábreme la puerta!¡Ábreme la puerta o soplaré y tu pocilga tiraré!
Y el cerdito trabajador le dijo:
- ¡Soplas lo que quieras, pero no la abriré, así que si quieres entrar, paga una entrada como todo el mundo!

Entonces el lobo, rácano como él solo, sopló y sopló. Sopló con todas sus fuerzas, pero la pocilga no se movió. Era muy fuerte y resistente, aunque demasiado recalcada para su gusto. El lobo se quedó casi sin aire, y eso que de joven participaba en los grupos corales de su manada.

Pero aunque estaba muy cansado, no desistía. Trajo una escalera, subió al tejado de aquella enorme pocilga y se deslizó por el pasaje de la chimenea. Estaba empeñado en entrar en ella y comer a los tres cerditos como fuera. Pero lo que él no sabía es que los cerditos pusieron al final de la chimenea un caldero con estofado de garbanzos hirviendo. Era el segundo plato de aquella noche, justo después de una deliciosa paella. Y el lobo, al caerse por la chimenea, acabó quemándose con el agua caliente. Dio un enorme grito y salió despedido por la chimenea para nunca más volver. Semanas más tarde, el lobo murió de una extraña gripe. Lo dejó todo a obras de caridad, distintas fundaciones de causa ecologista y sobornar a Soraya para que no cantara en Eurovisión.

Y así, los cerditos pudieron vivir tranquilamente hasta el día de la matanza final.