domingo, 14 de junio de 2009

Sobre la intelig@ncia (I): leyes para anticiparse


Todos sabemos que pensar requiere un esfuerzo casi humano, por eso -digo yo-, se inventaron tantas cosas para evitarnos tal molestia, como la llegada de las agendas, los calendarios, las pastillas de la memoria, los lunnis avisándonos de que ya es hora de ir a la cama, el programa de Ana Rosa, los anuncios de MiXta… Quizás para mermar las cosas que pensamos de forma automática, y ralentizar así el poder realizarlas en el momento justo.

Por ejemplo, un caso típico: te encuentras en la discoteca. Aquel/la chic@ te llama la atención, tiene un físico tremendo y parece fijarse en ti. Tú ya estás teniendo todo tipo de fantasías sexuales con esa persona en medio segundo antes de coger la situación por los cuernos y, como primera fase, presentarte. Pues bien, justo en ese momento, y sin previo aviso, siempre hay alguno que se te acerca por detrás tuya propinándote un fuerte empujón en tu hombro, y por la cara, destroza tu plan –hasta ahora, perfecto- de ligártel@ simplemente porque ha cogido antes que tu la idea de abordarl@, y posiblemente en este caso, de poder realizar todas esas fantasías a tu salud en cama ajena. Y lo mismo ocurre con las ideas en el trabajo. Ten cuidado de no pensar en público. Es más: ten cuidado de pensar en el trabajo. Ocho horas encerrad@ en un recinto con personas que no conoces te convierten en un superviviente si consigues que los demás no averigüen casi nada de tus ideas por mejorar tu empresa, porque siempre habrá alguien más perspicaz que tú que está dispuesto a robar y demostrar tu inteligencia poniéndola en práctica ante tu jefe. Y claro, ¡toma plus por aumentar la producción!. Dicho de otro modo, lo grave no es que pienses, siempre y cuando no pienses en voz alta, lo grave es que parezcas ser más inteligente (aunque lo fueras) delante de los demás, ni siquiera a la hora del café, antes de ejecutar tus ideas. Eso ayuda mucho. Tus compañeros por conseguir el agradecimiento de tu jefe son capaces de cualquier cosa, incluso de dejarte sin leche para tu cortado. Y así te encontrarías: solo como la una.

La buena noticia es que nadie es demasiado inteligente. Y si alguien lo es, es debido a que aún no ha llegado a conocerse bien. Porque eso de pensar está muy bien, pero ser inteligente nos permite ir más allá: nos da a menudo la posibilidad de ignorar y a hacer oídos sordos a nuestra propia inteligencia. Por lo tanto, que tu despreciable vecina del décimo te saque las mil y una para no pagarte el recibo de la comunidad, no es de ser poco inteligente, sino de ser un auténtico pardillo, pero lo serías más si, para colmo, te convenciera para que le cargaras las bolsas de la compra utilizando únicamente las escaleras, puesto que el ascensor se averió el día anterior.

Ser inteligente, además, es tener la capacidad de almacenar datos en una unidad Intel –alojada en el cerebro- de un grupo de gente variopinta. Es un monopolio de células abusonas que toman por tontas a las demás, o una actitud que no se sabe muy bien para qué sirve si tanto cuesta aprender que se tiene para algo.

Recuerda estas leyes si quieres triunfar inteligentemente en la vida:

- Si tienes una idea, deja de pensar al instante en ella. Lo único que haces cuando la desarrollas en tu cabeza es propagarla por medio de ondas a tu peor enemig@, y no dudes que se te anticipará. Lo mejor cuando tengas una, cantes una canción inverosímil (como el lalalá) para interceptar la conexión a otras personas mientras te encuentres en la misma habitación que ellas. Como no está previsto que cantes a tu bola y sin ritmo ante los demás, te tomarán por loc@ y huirán de ti, conservando así tus ideas, y pudiéndote poner tanta leche en el café como quieras.

- En el momento que alguien tiene una idea maravillosa en el mundo, algún satélite de tantos que orbitan sin parar nuestro planeta, inmediatamente la recoge y la distribuye entre los extraterrestres, que son supuestamente inferiores a nosotros. De hecho, ET era tonto ¿sino por qué iba a bajar a la Tierra precisamente en la década de los ochenta? ¿Para conocer a Naranjito? No, no, ni hablar. Hizo un viaje tan largo porque cogió la idea de sus vecinos de “V” de pasarse por este mundo y adueñarse de él. ET pudo cumplir la primera parte. La segunda, debido a su cara de pan, no le fue posible, aunque se llevó una planta moribunda a cambio, que algo es algo, oye.

- Bajo ninguna circunstancia pienses los lunes por la mañana que eres el único que merece quedarse dos horas más en la cama. Hay muchísima más gente que piensa lo mismo al mismo tiempo, en la misma situación que tú. Pero no te preocupes, si el lunes no es muy original pensar en ello, prueba de pensarlo el resto de días de la semana. Sé perseverante y triunfarás.

- Es una bobada eso de que para ser inteligente hay que saber que no se sabe nada, porque si ya lo sabes, sabes algo más que nada, y eso es mucho más que saber algo, porque instantáneamente ya sabes que no sabes nada y al mismo tiempo que nada es algo que es algo que sabes. Por lo tanto, la corrección a esta frase es: si hay que saber, se sabe, pero afirmar lo contrario es tontería.*

- Actúa primero y luego piensa en cómo arreglarlo. Si estás en la empresa, escucha tu lado emprendedor y dile sin tapujos a tu superior lo que piensas de su pésima gestión; si estás en tu comunidad de vecinos, escucha a no escuchar a nadie; si estás en la discoteca, escucha a tu… Bien, quiero decir que vayas a por todas, anticípate y demuestra que puedes ser tan pulpo como el que más.

- Por último, convéncete para siempre que la inteligencia no te perseguirá nunca ni a ti ni a nadie, ¡así que anticípate a la de los demás!

*(homenaje a cruz y raya)