sábado, 27 de junio de 2009

Demostrado científicamente

A medida que iba avanzando los meses, varias señales inequívocas hacían presagiar lo inevitable: la llegada del verano. Porque al igual que no hay discotecas sin plastas, un verano no es verano sin calor, un verano no es verano sin colocar la toalla hortera en las playas que te regalan por la compra de alguna revista con contenido rosa, un verano no es verano sin tomar helados ni horchata, un verano no es verano sin chulos-playas ni chulos-piscinas, y lo más importante: un verano no es verano sin mosquitos, sin ronchas en brazos o piernas, sin picores y sin el instinto asesino que, según algunos, dicen que acabaron con los dinosaurios.

Así que no es de extrañar que la gente normal, la de a pie, siga considerando más factible que a esos bichos tan grandes los eliminara una roca gigante proveniente del espacio, y no unos simples mosquitos, porque eso querría decir que cada vez que se exclamara a alguien “Tienes el cerebro de un mosquito”, en verdad le estaría regalando los oídos, porque ésta podría responder fácilmente “Oh, gracias, para mí es sencillo acabar con lagartijas de más de diez metros de altura”, cuando ahora, con la versión oficial que apoyan numerosos científicos en la que cuenta que algún vasco lanzó una roca al aire y con la fuerza de la gravedad, volvió a caer a tierra, extinguiendo así gran parte de la vida en la faz del planeta, se considera más a una escasez de luces que a otra cosa.

Pero cuidado. ¿Hasta dónde podemos fiarnos de estos insectos? Un prestigioso estudio de la Universidad de Bichitos Sanguinarios y Felices (UBSF), ha analizado sistemáticamente su ciclo vital, así como su comportamiento y la trascendencia que podría tener para nosotros, la especie humana, en un futuro. He aquí parte de dicho trabajo:

¿Qué es un mosquito?
El mosquito es un insecto de patas largas y pequeñín con muy mala sangre y seguramente con cara de pocos amigos que se extiende por todo el mundo. Mientras que los mosquitos machos son vegetarianos, los mosquitos hembras (científicamente llamadas mosquitas), prefieren beber la sangre de sus víctimas.

¿Cuáles son sus orígenes?
Los mosquitos han estado aquí desde siempre, por lo que se piensa que se trate de una especie alienígena que esté destinada a controlar todas las formas de vida existentes en este pequeño planeta.

¿Dónde nacen?
En sitios tenebrosos como pantanos, cloacas, macetas…

¿Qué debes hacer si te pica uno?
Rascarte.

¿Y si esto no funciona?
Rascarte más fuerte o darse una ducha de amoníaco.

¿En qué momento del día suelen picar más?
Cuando somos más vulnerables. Esto es, por la noche.

¿Cuál es el procedimiento de ataque de un mosquito?
1 Entrar por un resquicio finísimo de alguna ventana.
2 Si es temprano, apalancarse en el techo o en una de las paredes de la habitación sin ser vista.
3 Para matar el tiempo de espera, realiza mini sudokus
4 Una vez que la víctima se estira en su cama y concilia el sueño, posiblemente el mosquito no haya podido aún resolver ningún sudoku, ya que las luces de la habitación se han apagado y no sabe poner los números, así que vuela hacia su víctima y le tortura con una sesión de los cuarenta éxitos mosquiteros de la historia en su oído.
5 Una vez que el mosquito consigue despertarle por cansino, y aprovechando su aturdimiento, le pica donde más le plazca (nótese que el sitio de la picadura esta sujeta al libre albedrío del propio insecto, así que puede picar en cualquier parte del cuerpo).

¿Cómo evitar las picaduras?
Taparse con la sábana, ponerse calcetines de lana y bufanda. Si por el contrario, a causa del verano, se opta por usar repelentes, que el vecino incordio de nuestra comunidad permanezca sin dormir en la misma habitación que tú velando por nuestra seguridad.

¿Qué hay que hacer para ahuyentarles?
Abrir todas las puertas y ventanas de la casa. Correr tras de él con la revista enrollada que regalaba la toalla de playa e indicarle amablemente los distintos puntos de salidas de emergencia existentes. No se asegura que funcione, pero al menos reduciremos azúcar en nuestra sangre con el ajetreo y quizá no seamos su plato fuerte por hoy.

¿Dónde acostumbran a morir?
En nuestras lámparas, fluorescentes y generalmente al lado de un gusiluz.

¿Podrían acabar con nuestra especie?
Por supuesto que sí. Tan sólo hay que considerar la evolución drástica que han sufrido para convertirlos aún más peligrosos. Un grupo de mosquitos que felizmente revoloteaba por la sabana africana, se toparon con una manada de tigres, y fue tal el flechazo que tras unas horas de orgía, los mosquitos quedaron preñados, y llegaron a Europa en primera clase, dando a luz un nuevo engendro de asesino aún más mortífero: el mosquito tigre.

En fin, nos guste o no, somos su desayuno, su comida, su merienda, su cena, y no hay escapatoria posible. Demostrado científicamente.