domingo, 30 de diciembre de 2012

A la hora de la verdad

Mi propósito para el 2012 era ir contra todo pronóstico. Era algo que he tenido tatuado en mi frente durante todos los días del año, incluido hoy también. Y ahora que finaliza, he de reconocer que lo he conseguido, que mis proyectos, mis alegrías, mi convicción diaria de sorprenderme a mí mismo, ha sido siempre mayor a cualquier obstáculo, traba o impedimento que haya podido encontrar a lo largo de todo este camino. Porque es, precisamente al caminar, cuando te pruebas a ti mismo, cuando tu instinto se encarga de orientarte, cuando decides levantarte una y otra vez (y tantas como sea preciso) al errar, y también cuando aprendes a ver con los ojos bien abiertos lo que te rodea: cosas, situaciones y personas, aunque éstas vayan y vengan, o por el contrario, no queramos saber más de ellas.

Por todo ello, el camino que he recorrido estos meses ha sido bellísimo. Improvisadamente, y para sorpresa mía, ha sido un año de nuevas posibilidades, un año de auténticos retos, de logros profesionales y personales, de haber estado en sitios que jamás hubiera imaginado encontrarme, al menos, de momento. Un año en el que lo he dado todo de mí; en el que, sin duda, he reído una barbaridad y también he llorado; un año en el que me he enamorado a corazón abierto y también, por contrapartida, han jugado con mis sentimientos, algo que hoy en día, aunque duela, no me arrepiento.

Un camino recorrido en el que me he permitido crecer en todos los aspectos, trabajando de varias cosas cuando mi trabajo temporalmente se vio suspendido y también al llenar numerosas salas de personas que deseaban reír, bailar y llenar de alegría el corazón.

Porque es lo único que, en definitiva, cuenta: el hecho que sigamos contando nuestras experiencias, una virtud, creo, de la que si se quiere, podemos regocijarnos a medida que aprendamos de ellas y rescatar su esencia.

El 2012 ha sido un año importantísimo en mi vida, y lo recordaré así. Pero ahora toca seguir hacia adelante, con la mirada fija, con los cinco sentidos en suma expectativa… He de expandir los brazos y seguir conociéndome, seguir sintiendo, seguir cometiendo errores, porque es la única forma que existe de avanzar. Y las personas que queráis estar ahí, conmigo, bienvenidas seáis.

Gracias por abrazarme en algún momento.
Gracias por compartir carcajadas conmigo.
Gracias por hacer de mi mundo, un mundo más colorido.

martes, 28 de agosto de 2012

Lo peor del insomnio es...

... que parece que sí, parece que no... Y al final no consigues dormir

... que se trata de una jornada intensiva dando vueltas en la cama representando los números del 0 al 9 con tu propio cuerpo. Ni en El Lago de los Cisnes bailan tan bien.

... que cuando faltan 15 minutos para que suene el despertador, te entra un sueño terrible.

... que la desesperación alcanza índices históricos, como la prima de riesgo.

... que tienes pesadillas entre la ficción y la realidad.

... que el rebaño de ovejas es demasiado grande para que quepa en tu casa. Y lo peor aún: no paran de hacer ruido. Así no hay quién duerma.

... que es desconcertante. Hasta tal punto que dices: quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza, quién? Y la levantas. Total, en algún momento de mi vida tendré que sentar la cabeza.

... que tienes una cara similar a la del nuevo Ecce Homo.

... que empiezas a pensar en cosas que creíste en un principio no tenían importancia.

... que eres vigilante de la noche, al estilo David Hasselhoff. Siempre atento, con los ojos abiertos y marcando paquete.

... no es no poder dormir, es preguntarte por qué no puedes dormir.

... que miras en Facebook, en Whatsapp y en Twitter si hay alguien con quién compartir tus penas

... que nadie a esas horas está conectado.

... que las luces y sombras del techo adquieren vida propia.

... que te ves más inútil ahí tumbado sin hacer nada que Rajoy en el gobierno.

... que tus ojeras tienen la misma capacidad que la bolsa de la compra que usas para ir al mercado.

... que vuelves a mirar en Facebook, en Whatsapp y en Twitter y sigue sin haber nadie.

... que, después de una noche insípida, tenga lo que hay que tener para bromear sobre ello. Manda huevos...

... que... Lo mejor del insomnio es que he pasado la noche en Vela, uno de los hoteles más lujosos de Barcelona.

miércoles, 27 de junio de 2012

¡Maldito tic!

En estas semanas, me he dado cuenta de algo que el tiempo ha ido haciendo evidente: Don Juan Tenorio a mi lado era un simple aficionado. Es decir: hay que reconocer, por muy duro que me resulte, que carezco de prosa poética, de perilla y en fin, de ese aspecto metrosexual que le hizo merecedor de ser un gran conquistador en su época. Vamos, lo que se dice un gigoló chapado a la antigua. Sin embargo, tengo algo infalible como recurso para conquistar a cualquier mujer, y no estoy hablando de sobornos o chantajes... Por lo menos, hoy no. Se trata de algo muy sencillo: hablo del persistente tic que un buen día decidió asentarse en mi párpado izquierdo.

Confieso que al principio me molestaba. Era horroroso sentir ese movimiento involuntario cuando te sentías más nervioso de lo normal. Ya sabéis, la crisis, la prima de riesgo por la nubes, no encontrar dos calcetines iguales... En fin, ese tipo de cosas que nos afectan a todos de una manera u otra.

Mi cerebro, por su parte, optó un buen día por descargar tensión a través de un pequeño terremoto en la misma área focal donde puedes verlo todo, incluso cuando nadie se haya dado cuenta de ello. Algo más que frustrante. Tenía la sensación de tener el ojo caído, desmoronado, deprimido, como el simpático personaje de la película Los Goonies, Sloth, que por simpático quiero aclarar que de feo era un rato, aunque espero no sea mi caso porque si no la fastidiamos. Bueno, al menos él era rubio. No podría hacer un anuncio de Vitaldent, pero parece que decir que alguien es rubio se libra de ser criticado. Es curioso.

A medida que pasaba los días, mi tic en el ojo fue haciéndose más popular entre mis amigos. Yo le decía:

- Va venga, saluda a mis amigos, tontín...

Y el espasmo, ni corto ni perezoso, se reproducía una y otra vez a cada uno de mis amigos. Yo sólo me limitaba a girar la cabeza para apuntar bien y sonreír, que eso siempre se me da de fábula.

Estaba tan bien aceptado dentro de la sociedad que un día (como yo llamo: el día clave), ocurrió lo que jamás hubiera pensado que ocurriría. Veréis: conocí a una chica. Una chica majísima, intelectual, de ojos y cabello castaños, de esas que te ponen muy nervioso porque piensas que son inalcanzables para ti. Vaya si son inalcanzables, ya que suelo caminar muy despacio.

Pero esta vez, sólo esta vez, tenía un arma altamente eficaz: mi tic en el ojo. Para cualquier otro, esto hubiera sido un enorme inconveniente, un engorro, una santísima puta... Da la mismo. Ya me entendéis.

Os explico: en cada relación hay una comunicación visual que, según por el uso, se hace más intensa o más débil. Es decir: es normal que en los matrimonios longevos se desgaste esa comunicación, simplemente porque están hartos de echarse miraditas asesinas cada vez que alguno de los dos cambia de canal sin previo aviso o es más: cuando llega el momento de pasar del amor al odio y de ahí, a la existencia rutinaria.

Una relación incipiente como la de aquella chica y yo gozaba de una buena salud visual. Las típicas miradas de 'te entiendo' o para algunos 'me he fijado en sus pechos, me gustan, pero voy a disimular mirándote a los ojos', tienen un impacto directo e incondicional en la otra persona, lo que lleva a muchas mujeres taparse instantáneamente después el escote.

En mi caso, me encontré delante de ella, mirándole a los ojos y no más abajo, como si con eso le estuviera besando los labios. Hasta que empecé a sentirme nervioso. Siento tal pavor en las despedidas que casi siempre me sale la vena disléxica y suelto una barbaridad, similar a los que dicen que van a buscar tabaco y luego ya no regresan a casa.

Pese a todo, y para mi sorpresa, el tic no apareció. Hubiera deseado quedarme ciego, sin brazos y con un gran sistema reproductor entre las piernas si hubiese aparecido, pero me dejó más colgado que una percha. Un plantón muy oportuno, diría, para evitar que ella me tomara como un psicópata redomado en plena jornada parcial nocturna.

Lo más impactante de todo es que la vi a ella guiñarme repetidamente el párpado de tal manera que me hizo dudar en si era lo bastante corto como para no haber cogido a la primera tal proposición indecente. Pero una de dos: o ciertamente yo era corto (lo cual afectó brevemente mi autoestima), o... ¡Ella tenía un tic!

Y a partir de ahí, todo fue mucho más sencillo. De observarla, recuperé mi tic y los dos bromeamos sobre ello, aunque me confesó que las primeras 20 veces que guiñó el ojo era para hacerme proposiciones indecentes, y luego, del esfuerzo, supongo que ya no pudo parar.

Desde ese momento, descubrí que los tics podían contagiarse, al igual que los bostezos, el rascarse la piel cuando otro lo hace o la crisis en la comunidad europea. Pero una cosa tengo clara: gracias a ello, gracias a la acumulación de nervios, provocados seguramente por una patología mortal evidente, pudimos los dos encontrar en el otro, la paz.

martes, 1 de mayo de 2012

La vida, un misterio que nunca cesa

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Se crea a cada instante, en cada rincón, a cada millonésima parte de cada millonésima de segundo y lo que es más: evoluciona al paso del tiempo, como un sinfín de preguntas aún por contestar, como un sinfín de respuestas que aún no han visto la luz imposibles de escribir en libros… Sí, la vida no cesa y con ella se renueva toda esperanza desde que cada mañana se ve amanecer… Es algo que le hace particularmente bella, como si eso fuera todo…

Formar parte de esta magia me pone los pelos de punta. Porque somos el sustento inimaginable de ese misterioso testimonio, un sustento del que no somos aún plenamente conscientes: disfrutarla, riéndola, cantándola, amándola, compartiéndola, saboreándola y engordar de felicidad... Porque son las cosas que habitualmente nos apetece hacer, las que tú y yo solemos hacer, pese a quien le pese, pase lo que pase.

Realmente, no importa nada más. Lo real es esto mismo, sin ataduras con el pasado o el futuro, lo es desde el mismo momento en que voy escribiéndolo y una sonrisa pícara refleja en tu rostro que ninguna pena o dolor son lo suficientemente grandes como para olvidar que un día llegaste a este mundo para recibir el mismo calor del sol que el resto de la humanidad, llegaste para ser alguien especial, porque tod@s lo somos, cada uno a su manera, cada uno dando paso de gigantes en este mundo que gira a tu favor las 24 horas del día!

Por eso y más, has de saber que debes caminar, levantarte si caes, y aprender a correr, y volver a levantarte si caes de nuevo; aprender a saltar, a abrazar y disponerte a recibir enormes cantidades de energía positiva fluyendo por tus venas asentando la persona fantástica que, desde hoy si quieres, acaba de nacer.