miércoles, 24 de abril de 2013

La Vida Secreta de una Transformer

'La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes' (Jonh Lennon)

Érase una vez que se era, una niña que, desde su nacimiento, tenía la peculiaridad de transformarlo todo. Siendo apenas un bebé, consiguió el merecimiento de todos cuando eructó por primera vez. Fue todo un acontecimiento. Incluso colgaron el vídeo en Facebook y obtuvo unos 200.000 'Me Gusta', con lo que fue una de las publicaciones más vistas de aquel año.

Por ese mágico y caprichoso don de dar siempre la vuelta a la tortilla, conseguía casi cualquier cosa y por manipular en según qué casos (sobre todo a sus padres, para que le aumentaran la paga semanal una vez alcanzó la pubertad), empezó a ser conocida cariñosamente entre sus amigos y familiares con el apodo de Transformer.

A lo largo de los años, Transformer fue creciendo y con ello, adoptando casi sin querer una serie de rutinas indispensables para su día a día, como que al empezar el día lo primero que escuchara fuera su despertador; luego, lavarse y ataviarse, e ir a desayunar coloridos cereales y más tarde, dirigirse a la oficina a trabajar, para luego tonificar sus glúteos en el gimnasio con el principal objetivo de llamar la atención del chico que le gustaba, y llegar a casa y regar sus plantas, comprar la oferta 3*2 de cereales coloridos en el supermercado, conseguir una cita con el chico que le gustaba, ducharse, realizar las tareas del hogar, tirarse hora y media al teléfono con el chico que le gustaba y cuando la relación se hubiera finiquitado más adelante por desgracia de Movistar, entonces quedada con su mejor amiga para criticarle... Y a Movistar también, por supuesto. En fin, esa clase de rutinas.

Ella no lo iba notando, pero su inmenso poder de transformación se iba disipando a medida que hacía las mismas cosas una y otra vez. Hasta que un día se percató que una serie de hechos y pensamientos sorprendentemente comunes se habían apoderado de ella: le costaba a horrores levantarse a la primera de la cama; su desayuno estaba ya falto de color, lo mucho que alcanzaba a ver era el marrón oscuro del café, al que se le había olvidado de nuevo echarle el azúcar; preparaba todo a última hora; llegaba justa a su trabajo; la horas en la oficina se le hacían interminables; no hallaba el momento adecuado para volver a tonificar sus glúteos; llegaba a casa a veces sin ganas de nada y claro... Las plantas se le fueron secando. En fin, que Transformer se había convertido en algo tan predecible y monótono como un péndulo, sólo que el tiempo iba en contra suya, por el simple y llano hecho que nunca hallaba el momento adecuado para resolver su vida, acostumbrándose de manera fatal a las costumbres diarias que le habían desembocado hasta ese mismo día.

Pero tenía algo a su favor: se dio cuenta que podía dar una vuelta de tuerca a su situación. Así que, rápidamente, se puso manos a la obra. Empezó a aprovechar y distribuirse mejor su tiempo, que al fin y al cabo, se trataba de su propio presente, aceptando las prioridades y sin más dilación, realizándolas poco a poco, cuando tuviera oportunidad.

Transformer ya era hace mucho tiempo una mujer, una mujer que, desde aquel día, se dió cuenta que nunca había perdido su capacidad de ver las cosas con tanto afán y rescatar así a su dulce y no menos carismática niña interior, sobre todo, después de tomar alguna bebida gaseosa, que le producían unos eructos atronadores, que hacían saltar, para sorpresa de todos, las alarmas de los coches más cercanos.

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